Del sur llegó la familia y, durante unos días, el aire olió a vacaciones. Compartieron todos los desayunos bajo mi estela mientras Gracie conquistaba sus corazones sin el menor esfuerzo.
La costurera remendó algunos descosidos y el pintor dio media docena de vueltas al pueblo, como si aún le quedara un rincón por descubrir. Se regalaron una escapada a la piscina vecina con un libro que ninguno llegó a abrir. Brindaron por la salud: la suya, la de la familia, la del país, la del mundo. Y celebraron, en el silencio de la noche, los goles de la selección.
~
Un peregrino francés buscó algo de jabón suave para lavar el pañuelo de seda que coloca en su cuello como talismán para caminar. Volvieron los canadienses que la temporada pasada marcharon con una rodilla escacharrada y un sueño sin cumplir. También volvió la peregrina americana que, por segundo año, coincidió exactamente con la celebración del patrón del Camino. Durante una cena escuché a una joven pareja conversar en inglés, francés, español e italiano. Y descubrí el dolce far niente. ¡Qué maravilla!
~
Tres amigas austriacas recorren con orgullo los últimos días de un Camino que comenzó en la puerta de su casa. Una peregrina lituana, afincada en Nueva York, llamó a la puerta justo a la hora del check-in. «¿Podría dormir aquí esta noche? Es una fantasía de lugar», dijo en un español impecable. Una peregrina taiwanesa guardó en su maleta la caja de cerillas serigrafiada de la habitación convencida de que era un regalo para los huéspedes. Y una peregrina venezolana compró tres postales con la ilusión de recibirlas en casa.
~
Me contaron que esta tarde durante un minuto y cincuenta segundos el Sol quedará cubierto por la Luna y el día se convertirá en noche. Pensé en el lobo que solo despierta cuando cae el sol y en el halcón que solo alza el vuelo con la primera luz, condenados a rozarse sin llegar a encontrarse. Esta noche, cuando la luz y la oscuridad compartan el mismo cielo, Navarre e Isabeau, los amantes de Lady Halcón, romperán su maldición y volverán a abrazarse. Y, una vez más, volveremos a creer que, a veces, hasta lo imposible puede hacerse realidad.